Antes de Diagnosticar a tu hijo

Ser niño no es un trastorno.

Quiero darle voz a “los niños de ahora”; a los niños de esta nueva generación que está siendo   subestimada,  sobre todo en su manera de ver el mundo:  muy lejos  de como la ve alguien desconectado de su SER y entregado al drama del planeta.
Actualmente existe un alto índice de sobre diagnóstico en niños con supuesto Trastorno de deficit de atención , trastorno de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo, o depresión. Todos estos diagnósticos son realmente síntomas.  El niño manifiesta un síntoma ante emociones, miedos y  angustia no resueltas por sus padres;  que vienen de su propia infancia y no han sido traídas a la consciencia. Entonces  los  hijos como grandes maestros espirituales que son, los exteriorizan,  para mostrárselos.
En los colegios y en la  sociedad quien se sale del rebaño es «la oveja negra». Pero actualmente  los etiquetan deliberadamente con trastornos. Cualquier niño mas inquieto que lo convencional tiene TDAH. En el proceso de diagnóstico, pocos profesionales, directores o maestros de escuelas te preguntarán si ocurrió algo irregular durante su gestación, embarazo o parto; y muchísimo menos indagan cuál es la carga emocional que traen los padres, que pudiera manifestarse en el el niño de cierta manera.
Mirar solamente el síntoma (enfermedad) trae como consecuencia  la medicina.
En vez de indagar, mirar y preguntarse el por qué de  estas conductas inusuales en los niños; los  padres van a buscar una respuesta rápida y efectiva, que evite que sus hijos retrasen su escolaridad o pierdan sus amigos (eso importa más que su felicidad). Es así como comienzan a aplicar en el niño una serie de terapias y adiestramientos rígidos, dignos de un entrenamiento para perros. Como consecuencia, los padres se desconectan cada vez más del niño.
Las carteleras de puntos, rutinas estrictas y la presión por  ser «buenos” en áreas que no les interesan; forzarlos a hablar , caminar, hacer una u otra cosa obligatoriamente, se conjugan en una  serie de estructuras tan absurdas que ni un adulto con alta madurez podría cumplir sin flexibilidad. Sin duda alguna, todas estas acciones desbordan las emociones y llevan a los niños  a colapsar, ante un mundo tan desconectado. Es justo en ese momento que el especialista dice: “Hay que medicar al niño” . Y en ese momento pierdes a ese SER maravilloso, cuyo propósito era elevar tu espiritualidad, bajar  el volumen a tu ego y aceptar lo que él tiene para darte.
Muchos niños llegan a este mundo con la sensación de no pertenecer a él. Luego se encuentran con una serie de estándares triviales, banales  y complejos  que son difíciles de procesar para un alma limpia y llena de amor. Por ejemplo; hay familias  que se enfocan más en el materialismo que en lo que realmente importa. Y que es lo que realmente importa? El amor  y la conexión entre padres e hijos son las cosas que realmente importan. Lo que importa es creerles, confiar en ellos;  y sobre todo amarnos incondicionalmente nosotros mismos, para amarlos incondicionalmente a ellos.
Cuando mamá y papá etiquetan al niño, él es fiel a lo que le dicen.  Difícilmente  se sale de esa etiqueta.  Albert Einstein -quien también fue etiquetado- dijo una vez:  “Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por la habilidad de trepar arboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil».
Padres:  los invito a ver la genialidad de sus hijos, a enfocarse en sus destrezas, a motivarlos. La escuela, los honores y los convencionalismos no son la única vía al éxito, y la vida te lo esta demostrando. Bajen  las barreras y miren a sus hijos como maestros.
Espero que recibas estas letras con amor. Sin animo de juzgar a quien lo lee. Simplemente te estoy entregando otra mirada desde el amor.
Gracias.
Te amo.

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